Archivo para el tema ‘Política’

23 – La Antipolítica

Tuesday, December 8th, 2009

Polifuncionario antipolítico

Pese a que se arroga para sí poco menos que la creación del país como hoy lo conocemos, la clase media argentina estuvo ausente en la formación de sus dos grandes relatos políticos: el conservadurismo del Centenario y el Peronismo del ’45.

El primero de estos movimientos fue la más clara expresión de un país “atendido por sus dueños”. La política argentina desde 1890 a 1916 estuvo monopolizada por la oligarquía terrateniente. El Peronismo, en cambio, fue la versión local del populismo latinoamericano del siglo XX: conjugó los mayores logros históricos para la clase trabajadora con los peores modales (y una dosis de autoritarismo que sería memorable sino fuera porque tanto sus predecesores como sucesores inmediatos fueron aún más brutales).

Si bien se trata de movimientos obviamente contrastantes, tienen un hilo común: ambos fueron expresión de los intereses económicos y políticos de una clase social. Los dos extremos de la pirámide social argentina tienen sendos relatos políticos de pertenencia, dos “épocas doradas” sobre las que pueden basarse sus sueños y aspiraciones futuras.

La clase media, en cambio, no tiene nada. O tiene al Radicalismo, que es más o menos lo mismo que nada. La UCR es el partido de la moderación, del consenso o de la nada misma. Salvo raras excepciones, no puede entusiasmar a nadie. Por eso, la mayor referencia política de la clase media no es el Radicalismo sino la antipolítica.

¿Y qué es la antipolítica? Para sus defensores, es el emergente natural de la indignación clasemedia. Y si bien como primera interpretación no está mal, podemos encontrarle varias aristas al asunto:

  • En primer lugar, la antipolítica es anti. O sea, se para en un lugar externo al fenómeno que cuestiona. El “político” (entendiendo como tal a todo un universo que va desde el militante de base hasta la Casa Rosada)  es un otro que habita en un lugar inaccesible. Para el antipolítico, el funcionario es algo así como un extraterrestre que bajó del cielo en un plato volador para sojuzgar a “lagente”. A partir de ese posicionamiento la antipolítica ya demuele uno de los grandes fundamentos de la democracia: la idea de que todos podemos ejercer funciones de gobierno. Por eso mismo la antipolítica no busca opciones electorales: cuando un referente antipolítico busca ejercer un cargo electivo, se encuentra con que sus seguidores lo abandonan por haberse convertido en aquello que tanto detestaba.
  • La antipolítica es también enemiga de otro pilar de la democracia: el conflicto de intereses. Como dijimos, la política de intereses es para los oligarcas y los trabajadores. Los clasemedios antipolíticos recurrirán a la tecnocracia: el gobierno de técnicos inapelables que tendrán razón por portación de título. Por supuesto que nada evita que los tecnócratas tituloportantes respondan a otros intereses, pero es lo que hay.
  • La antipolítica es también aséptica: no hace falta adherir a determinada ideología para ser antipolítico. Por el contrario, la antipolítica es fuertemente anti-ideológica, permitiendo a sus adhirientes participar de la vida pública sin mancharse con ideas extrañas.

Pero el principal mérito que tiene la antipolítica para el clasemedio es mucho más profundo: es simple. Es más fácil escribir comentarios en los foros de lectores de los diarios online o salir a la calle batir cacerolas o gritar “QUE ALGUIEN HAGA ALGO!” que sentarse a pensar una solución factible para un problema, y después llevarla adelante por carriles institucionales. Es más sencillo farfullar “SON TODOS CHORROS!” que analizar la trayectoria de gestión de distintos funcionarios. Y es mucho más simple insultar desde la tribuna que asumir responsabilidades.

21 – Las ideas que eran revolucionarias hace una década

Saturday, November 14th, 2009

Esto era subversivo... hace tiempo

Un clasemedio nunca puede ser demasiado conservador. Jamás. El clasemedio no puede arriesgarse a ser insensible o intolerante, porque perdería el privilegio de victimizarse. Ahora bien tampoco puede adoptar posiciones que desafíen seriamente el statu quo – al fin y al cabo, el clasemedio es serio y responsable, no un loquito tirabombas. Los intelectuales (que, hemos dicho, no se consideran clasemedios) pueden y deben proponer ideas rebeldes con la intención de subvertir el orden establecido, pero los clasemedios están para otras cosas.

¿Y para qué está la clase media? Para el progresismo light: ideas que una década atrás hubieran sido realmente provocadoras, pero que hoy gozan de aceptación de más de dos terceras partes de la población (y, obviamente, no afectan en lo más mínimo sus intereses personales). El ejemplo du jour es el matrimonio entre personas del mismo sexo (aunque también es socialmente aceptable la defensa de las uniones civiles bajo un régimen separado, haciendo reserva del término matrimonio para las uniones heterosexuales), pero han existido (y existirán en el futuro) incontables ejemplos.

¿Pero cómo determinar si una idea es lo suficientemente inócua y aséptica como para ser un ejemplo de pensamiento light clasemedio? Segín quienes sean sus defensores. Veamos:

  • Si una idea es defendida sólo por intelectuales, artistas, científicos, investigadores y dirigentes trotskistas, la idea está todavía demasiado verde para la clase media. La función social de estos personajes, como se ha dicho, es cuestionar el orden establecido, legitimando las posiciones light de los clasemedios. Ejemplos: reconocimiento de derechos fundamentales a los gorilas y orangutanes, ascensores espaciales, dictadura del proletariado.
  • Si la idea ha sido puesta en práctica en uno o más países europeos (excluyendo a Holanda, considerado por muchos como un gran laboratorio de prueba de políticas sociales progresistas que quizás merecería pertenecer a la categoría anterior) son altas las probabilidades de que sea una idea atractiva para clasemedios progres. Igualmente, debe procederse con precaución. Ej: Matrimonio entre personas del mismo sexo, despenalización del consumo de estupefacientes, límites a las emisiones de gases invernaderos.
  • Si la idea en cuestión es defendida por al menos veinte diputados que no provengan de bloques unipersonales, estamos ante una idea claramente madura para la clase media. No ofrece grandes peligros, y su implementación práctica es inminente (o ya es un hecho). Ej: Asignación universal por hijo.
  • Si la posición es defendida por un documento de la Conferencia Episcopal o una encíclica papal, son altas las chances de que la idea ya esté, más que madura, pasada o hasta podrida. Ej: Divorcio, Teoría de la Evolución.

Si miramos bien estas categorías, podemos pensar que existe un ciclo vital de las ideas. Esto no necesariamente es así: hay ideas que nacen light, y otras que nunca logran aceptación masiva. Sin embargo, las más exitosas tienden a pasar por estas etapas.  Por eso, todo clasemedio debe renovar cada cinco o diez años su repertorio de ideas que ya no ofenden a nadie. Porque no hay nada más out que defender una causa pasada de moda (¿Qué pasó con el agujero de ozono?)

9 – La Ecología

Friday, June 26th, 2009
Reconocida Dirigente Ecologista

Reconocida Dirigente Ecologista

La clase media entiende perfectamente la necesidad de defender el medio ambiente, siempre y cuando no resulte algo demasiado molesto, trabajoso y/o caro.

En las últimas dos o tres décadas las cuestiones ambientales pasaron a formar una parte importantísima del imaginario clasemedio. Cumplen con muchas funciones: hacen sentir socialmente responsable al clasemedio, le permiten victimizarse frente a los más poderosos (aún cuando más no sea porque una torre de departamentos de 20 pisos le tapa la vista al río… de su departamento en el piso 14 de una torre) y le hacen sentir valioso. De yapa, los bebés de oso panda son mucho más mononos que los niños famélicos del norte argentino (e infinitamente más que los indigentes del conurbano bonaerense), con lo que resultan una causa mucho más estética a la cual adherir.

El problema del ecologismo clasemedio es que cuando no es meramente simbólico, es escasamente práctico. En cuanto a la energía, por ejemplo, se opondrá al desarrollo de centrales nucleares sin pensar que son mucho más limpias que las usinas térmicas (a la vez que se niega rotundamente a pagar tasas de electricidad más caras para subvencionar fuentes de energía alternativa o a reducir su consumo eléctrico para preservar recursos naturales). El clasemedio apoyará las iniciativas de reciclado a la vez que se opone a que los cartoneros revisen su basura para separarla y venderla a recicladores. El clasemedio declara que le gustaría ver limpias las cuencas del Riachuelo y el río Reconquista, pero se le ocurrirá tratar de reducir su nivel de producción de basura para evitar la contaminación del suelo y el agua de esas cuencas que los basurales generan.

En algunos casos puede ir más allá: se opondrá a megaproyectos industriales o mineros que podrían generar un daño ambiental importante, pero no por eso dejará de consumir aquellos productos que requieren de las materias primas o los productos industriales producidos por dichos emprendimientos (¿Cuántas toneladas de papel se habrán consumido para imprimir volantes y afiches con consignas como “Si a la vida, no a las papeleras”?). Se opondrá al uso de agroquímicos en la producción agropecuaria, pero jamás estaría dispuesto a pagar sus alimentos al precio que costarían si se usaran métodos de menor productividad (como la producción orgánica sin plaguicidas ni abonos sintéticos).

Finalmente, el clasemedio nunca considerará dejar de usar su auto, cuando los autos particulares son la principal fuente de gases de invernadero en el mundo. Valora demasiado la asepsia e independencia que le da su vehículo como para pensar en abandonarlo. Al fin y al cabo, su auto con inyección electrónica modelo 2006 genera muchísima menos contaminación que el Renault 12 modelo 81 que usa el albañil que le está reformando el baño para viajar diariamente de Pablo Nogués a Palermo.

El clasemedio quiere rosas, pero sin espinas y siempre y cuando demanden menos atención que un cardo.

7 – El Consenso

Wednesday, June 24th, 2009

La negociación es un hábito repulsivo; el consenso es una de las mayores virtudes humanas – siendo la diferencia entre ambas prácticas que la primera se practica en la Europa Continental, y la segunda en Gran Bretaña

George Mikes, How to Be an Alien

Consensuador a través de la disidencia sistemática

Consensuador a través de la disidencia sistemática

La idea que tiene la clase media sobre la democracia es por lo menos curiosa. El clasemedio es fuertemente pluralista en su fuero íntimo. Está convencido de la necesidad de respetar las opiniones diferentes. Ahora bien, en la práctica, cree que cualquiera que no coincide con él es un bárbaro, un ignorante, y que debería dejar de decir todas esas sandeces que piensa (por simple educación, no por obligación legal, se entiende).

¿Cómo concilia el clasemedio estas dos posiciones aparentemente antagónicas? Con la idea del Consenso. Así, con mayúsculas. El Consenso es la práctica que permite que varias personas que piensan distinto terminen actuando igual. Normalmente, el Consenso se construye con concesiones mútuas. El clasemedio huirá espantado de semejante noción, de ese perverso toma-y-daca de la política sucia. No, el Consenso de la clase media se construye con concesiones sólo del otro. Porque, al fin y al cabo, el que se equivoca es el otro. El clasemedio tiene un título profesional que lo avala. Si por algún motivo el otro con quién negocia el clasemedio es quien no quiere ceder, entonces estaremos ante un caso de populismo autoritario, que es precisamente lo contrario al Consenso.

La idea del Consenso es tan fuerte en el corazón de la clase media que ya está presente en el nombre de un partido político (paradójicamente, fundado por un disidente) y la idea está implícita en varios otros: Acuerdo, Coalición, Unión, Alianza.

El problema de la idea de Consenso es que evita todo posible crecimiento intelectual. Los científicos no se ponen gentilmente de acuerdo para alcanzar la verdad, sino todo lo contrario: el avance del pensamiento científico requiere de contrastación de teorías opuestas (y en eso SÍ coinciden todas las teorías epistemológicas modernas: Popper, Kuhn, Lakatos, Klimovsky y siguen las firmas). O sea, de conflicto. A partir de los descubrimientos de Darwin, la biología aplica la noción de conflicto (por recursos, alimentos y hembras) para explicar la selección natural a través de la supervivencia de los más aptos. Ya en la esfera política, Marx postuló que la lucha de clases (y no el consenso universal) era el motor de la historia. En sus antípodas ideológicas, Nietzche también otorgaba al conflicto un papel central. Freud, por su parte, estructura el desarrollo psíquico del sujeto a través del conflicto edípico.

En la otra esquina del cuadrilátero, el Homo Tollendo Ponens de la esfera política argentina,  ¡¡¡¡Cleeeeeeeeeeeeeeeto “Escorpión” Cooooooooooooobos!!!!

Para alegrar con un poco de debate cualquier reunión familiar clasemedia, atacar la noción de Consenso es una buena herramienta. Si algún clasemedio habla de la importancia del Consenso, recalcar el consenso alcanzado por el Norte y el Sur en la Guerra de la Secesión Estadounidense, en la que los vencidos “consensuaron” abolir la esclavitud sólo cuando tuvieron una bayoneta enemiga apuntando a su yugular. O, como ejemplo más cercano, como los patriotas se sentaron y, taza de chocolate mediante, consensuaron con los realistas españoles la independencia de las colonias americanas.