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	<title>De Clase Media &#187; Geografía</title>
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		<title>15 &#8211; Las plazas enrejadas</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jul 2009 01:54:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Clasemedio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Geografía]]></category>

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		<description><![CDATA[Las plazas enrejadas son el fetiche urbanístico más insólito que nos deja esta década. Surgen a raíz del axioma &#8220;más rejas es más seguridad, siempre y en toda situación y circunstancia&#8221;. Y a la clase media le encanta la seguridad. El tema con las rejas como medida de seguridad debería ser evidente a cualquiera que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-caption alignright" style="width: 199px"><img src="http://4.bp.blogspot.com/_LBVeAgq_-l4/SHFTu8nlS-I/AAAAAAAAAAM/g3wNkejQO6U/S226/nuevo%2Blogo%2BGCBA.jpg" alt="Empresa enrejadora de espacios públicos" width="189" height="226" /><p class="wp-caption-text">Empresa enrejadora de espacios públicos</p></div>
<p>Las plazas enrejadas son el fetiche urbanístico más insólito que nos deja esta década. Surgen a raíz del axioma &#8220;más rejas es más seguridad, siempre y en toda situación y circunstancia&#8221;. Y a la clase media le encanta la seguridad.</p>
<p>El tema con las rejas como medida de seguridad debería ser evidente a cualquiera que se siente a pensar durante cinco minutos: son una solución en búsqueda de un problema. ¿Qué soluciona enrejar una plaza? ¿Evitan que ingresen ladrones? ¿Previenen el vandalismo? En realidad, si esos fueran los problemas, hay mejores maneras de solucionarlos que una estructura de hierro. Miles de víctimas de hurto y raterismo pueden dar fé de que una reja de dos metros es fácilmente franqueable por cualquier delincuente decidido a hacerlo. En otras palabras, las rejas previenen ilícitos ocurridos en plazas y parques durante la noche evitando que entren&#8230; ¡las víctimas! &#8220;Prevenir el delito&#8221; de esta manera es tan lógico como aniquilar sistemáticamente los yaguaretés misioneros para prevenir su cacería indiscriminada. En el mejor de los casos, se protege al clasemedio de sí mismo.</p>
<p>¿Y durante el día? Mientras el sol brilla, las rejas logran poco más que afear el paisaje urbano. Podría decirse que la reja de la plaza evoca para el clasemedio la seguridad de su propia casa enrejada, o que son un símbolo del imperio del Estado sobre el espacio urbano innegociable, pero la verdad es que existen mecanismos de comunicación más baratos y efectivos. Durante el día, las rejas son simplemente un estorbo visual.</p>
<p>¿Puede ser verdad que las rejas, que demandan una inversión considerable, no tengan ningún efecto real? Por supuesto que no. Las rejas en realidad tienen como finalidad reforzar la asepsia social en el espacio urbano: en plazas enrejadas no pueden dormir los indigentes, evitando al clasemedio el espectáculo desagradable de ver la pobreza de cerca (y sin estar mediada por la cámara de un periodista cool explorando la miseria humana).</p>
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		<title>3 &#8211; El Campo</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 03:12:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Clasemedio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Geografía]]></category>

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		<description><![CDATA[En la mitología fundacional de nuestro país, el campo ocupa un lugar privilegiado (en más de un sentido). Es un espacio vasto, inabarcable, total. Es el escenario de nuestras guerras civiles del siglo XIX (y de nuestras desaveniencias democráticas a principios del XXI). Es el marco de la épica gauchesca de Martín Fierro y Don [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_21" class="wp-caption alignright" style="width: 333px"><img class="size-full wp-image-21" title="deangeli" src="http://declasemedia.com.ar/wp-content/uploads/2009/06/deangeli.jpg" alt="Un hombre de campo" width="323" height="360" /><p class="wp-caption-text">Un hombre de campo</p></div>
<p>En la mitología fundacional de nuestro país, el campo ocupa un lugar privilegiado (en más de un sentido). Es un espacio vasto, inabarcable, total. Es el escenario de nuestras guerras civiles del siglo XIX (y de nuestras desaveniencias democráticas a principios del XXI). Es el marco de la épica gauchesca de Martín Fierro y Don Segundo Sombra. Es también la fuente de riqueza de la aristocracia terrateniente vernácula, y ahí radica su atractivo mayor.</p>
<p>No da lo mismo hacer fortuna con una fábrica de clavos que engordar vacas (o, más recientemente, porotos de soja). La industria es sucia, implica lidiar con obreros, y generalmente requiere de viajes al conurbano. El campo, en cambio, trae a nuestra mente imágenes de verde, de aire puro, de libertad (y no de bosta, agrotóxicos y peones viviendo en condiciones de indigencia).</p>
<p>Para el clasemedio urbano, el campo es más que una actividad económica: es algo que toca sus fibras más íntimas. Por eso se explica que haya un barrio porteño que se llama Agronomía (y no Veterinaria, ya que estamos). Todo clasemedio lleva en su interior un productor agropecuario en potencia. Según su capacidad económica buscará eventualmente adquirir doscientas hectáreas en Trenque Lauquen, una mini-chacra en Luján, una casaquinta y un par perros en Pilar, o en el peor de los casos un helecho para el balcón.</p>
<p>Tan grande es la identificación del clasemedio con sus aspiraciones de ruralidad que lo llevará a asociar ese ámbito con sus momentos más preciados. Son comunes frases del estilo &#8220;Yo en vez de una gran fiesta de casamiento hubiera ido con los íntimos a comer un corderito al asador en el campo&#8221;, o &#8220;Conocí un pueblito re-tranquilo en la provincia, me encantaría mudarme para que mis chicos crezcan ahí, en un ambiente sano y seguro&#8221;, y sobre todo &#8220;Yo cuando me jubile me voy a vivir al campo&#8221;.  Todo esto, claro está, sin pensar que a lo mejor los íntimos no quieren hacer 300 km de ida y vuelta para comer un cordero, que en ese pueblito bucólico son endémicas la promiscuidad, el incesto y la zoofilia (por no mencionar que el libro más nuevo de la biblioteca popular de la localidad se imprimió en 1986, y que el cine más cercano está a media provincia de distancia), y que cuando el futuro jubilado se caiga en el medio del campo sin señal de celular y se fracture la cadera nadie va a estar para ayudarlo. No importa: el campo no es práctico, pero tiene un romanticismo incomprensible para quienes no lo comparten.</p>
<p>El año pasado, la ciudad de Buenos Aires vio una manifestación particular de esta creencia clasemediera cuando miles de clasemedios salieron a las calles batiendo cacerolas en favor de las cámaras empresarias del agro. No menor es el hecho de que estas mismas cámaras fueran responsables del desabastecimiento de alimentos que sufrió por esa misma época la clase media urbana, cuando encontrar un bife angosto en una carnicería era más difícil que hacer llover en la Puna de Atacama. Pese al estupor que causó este evento en incontables sociólogos, a nadie debería resultarle una sorpresa: es simplemente una manifestación más del vínculo indestructible que existe entre el corazón clasemedio y la profundidad de la Pampa Húmeda.</p>
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