22 – Dan Brown
Saturday, November 21st, 2009Uno podría pensar que los clasemedios no leen. Que no tienen inquietudes literarias. Que son culturalmente estériles. Y uno estaría terriblemente equivocado: si no fuera por el enorme mercado clasemedio, las editoriales no podrían subsistir. ¿Y cómo alcanzar ése mercado? Con thrillers esquemáticos, predecibles y deliberadamente polémicos, por supuesto.
Dan Brown es el mayor exponente de la literatura clasemedia. Sus novelas tienen tantos elementos clasemedio-friendly que es difícil empezar. A saber:
- Son simples. No porque la trama sea lineal (si lo fuera, serían cuentos cortos de menos de diez páginas), sino porque no dudan en tratar al lector como un idiota. Nada queda sin explicar, todas las conclusiones están masticadas y digeridas, no hay lugar a la interpretación. Al lector sólo le queda el trabajo de tragar papilla literaria.
- Relacionado con el punto anterior: son de lectura rápida. Es perfectamente posible terminar un libro en un par días de playa. El ritmo es vertiginoso. Los capítulos cortos y el suspenso permanente los hacen ideales para clasemedios con lapsos de atención escasos.
- Abundan en Conocimiento en Dosis Módicas. En realidad, lo módico no es el volumen de datos (que es abrumador), sino el porcentaje de verdad del mismo. Por ejemplo, quien escribe estas líneas no puede encontrar ninguna evidencia de que el día domingo fuera sagrado para los seguidores del dios egipcio Ra, dato que Brown tira al pasar en El Símbolo Perdido. Tal vez uno no debería preocuparse por este detalle en una novela (que, al fin y al cabo, es una obra de ficción), pero el propio Brown se encarga de incluir páginas preliminares en sus libros afirmando que las organizaciones, lugares, monumentos, rituales, etc. son “reales” (término que puede tener múltiples interpretaciones con consecuencias muy diferentes). Esta práctica llevó a la creación del término “DanBrowneado” para referirse a obras con falsas pretensiones de veracidad.
- Alimentan la indignación. Según el propio Brown, su “fórmula” para escribir thrillers requiere entre otros elementos una organización que actúe como “fuerza en las sombras”, generando dudas en el lector acerca de sus intenciones. Por supuesto, este elemento combinado con la pretensión de veracidad ya analizada le sirve al clasemedio para indignarse contra la organización “sombría”. Curiosamente esto no sucede en “El Símbolo Perdido”, novela en que dos instituciones con histórica mala fama (la masonería y la CIA) salen razonablemente bien paradas.
- Son exitosas. Para un clasemedio no hay nada mejor que otro clasemedio, ergo es importante estar culturalmente a tono con el grupo. Leer a Brown es poder participar de las conversaciones de la vasta mayoría de los clasemedios. ¿Leer a Kawabata? Nah.
- Bonus: Desde el éxito de El Código Da Vinci, uno puede confiar en que las novelas de Brown serán adaptadas al cine, abriendo la posibilidad de conocer la trama sin tomarse el tiempo de leer una novela. De hecho, el propio Brown admite que parte de su “fórmula” es desarrollar la acción de cada novela en un tiempo máximo de 24 horas, lo que se presta a una adaptación sencilla. Bonus bonus: unos meses después del estreno, cuando salga el DVD, el clasemedio podrá disfrutar del mismo en un hermoso español neutro.
(El autor admite sólo haber leído El Símbolo Perdido para escribir esto. Sin embargo, si Brown dice la verdad en su descargo durante el proceso por plagio de El Código Da Vinci, podemos asumir que todos sus libros son más o menos iguales, siendo universalmente válidas las observaciones. Teodor Adorno hizo más o menos lo mismo con sus estudios para la televisión y nadie dice nada.)














