23 – La Antipolítica
Pese a que se arroga para sí poco menos que la creación del país como hoy lo conocemos, la clase media argentina estuvo ausente en la formación de sus dos grandes relatos políticos: el conservadurismo del Centenario y el Peronismo del ‘45.
El primero de estos movimientos fue la más clara expresión de un país “atendido por sus dueños”. La política argentina desde 1890 a 1916 estuvo monopolizada por la oligarquía terrateniente. El Peronismo, en cambio, fue la versión local del populismo latinoamericano del siglo XX: conjugó los mayores logros históricos para la clase trabajadora con los peores modales (y una dosis de autoritarismo que sería memorable sino fuera porque tanto sus predecesores como sucesores inmediatos fueron aún más brutales).
Si bien se trata de movimientos obviamente contrastantes, tienen un hilo común: ambos fueron expresión de los intereses económicos y políticos de una clase social. Los dos extremos de la pirámide social argentina tienen sendos relatos políticos de pertenencia, dos “épocas doradas” sobre las que pueden basarse sus sueños y aspiraciones futuras.
La clase media, en cambio, no tiene nada. O tiene al Radicalismo, que es más o menos lo mismo que nada. La UCR es el partido de la moderación, del consenso o de la nada misma. Salvo raras excepciones, no puede entusiasmar a nadie. Por eso, la mayor referencia política de la clase media no es el Radicalismo sino la antipolítica.
¿Y qué es la antipolítica? Para sus defensores, es el emergente natural de la indignación clasemedia. Y si bien como primera interpretación no está mal, podemos encontrarle varias aristas al asunto:
- En primer lugar, la antipolítica es anti. O sea, se para en un lugar externo al fenómeno que cuestiona. El “político” (entendiendo como tal a todo un universo que va desde el militante de base hasta la Casa Rosada) es un otro que habita en un lugar inaccesible. Para el antipolítico, el funcionario es algo así como un extraterrestre que bajó del cielo en un plato volador para sojuzgar a “lagente”. A partir de ese posicionamiento la antipolítica ya demuele uno de los grandes fundamentos de la democracia: la idea de que todos podemos ejercer funciones de gobierno. Por eso mismo la antipolítica no busca opciones electorales: cuando un referente antipolítico busca ejercer un cargo electivo, se encuentra con que sus seguidores lo abandonan por haberse convertido en aquello que tanto detestaba.
- La antipolítica es también enemiga de otro pilar de la democracia: el conflicto de intereses. Como dijimos, la política de intereses es para los oligarcas y los trabajadores. Los clasemedios antipolíticos recurrirán a la tecnocracia: el gobierno de técnicos inapelables que tendrán razón por portación de título. Por supuesto que nada evita que los tecnócratas tituloportantes respondan a otros intereses, pero es lo que hay.
- La antipolítica es también aséptica: no hace falta adherir a determinada ideología para ser antipolítico. Por el contrario, la antipolítica es fuertemente anti-ideológica, permitiendo a sus adhirientes participar de la vida pública sin mancharse con ideas extrañas.
Pero el principal mérito que tiene la antipolítica para el clasemedio es mucho más profundo: es simple. Es más fácil escribir comentarios en los foros de lectores de los diarios online o salir a la calle batir cacerolas o gritar “QUE ALGUIEN HAGA ALGO!” que sentarse a pensar una solución factible para un problema, y después llevarla adelante por carriles institucionales. Es más sencillo farfullar “SON TODOS CHORROS!” que analizar la trayectoria de gestión de distintos funcionarios. Y es mucho más simple insultar desde la tribuna que asumir responsabilidades.















December 8th, 2009 at 6:26 pm
[...] sobrino de Michael Corleone. Y recién cuando apagué la Wii me cayó la ficha. Escribí primero este post en Declasemedia sobre la antipolítica, y después vine acá a escribir este sobre la “Nueva Política”, ese grupo de [...]
December 23rd, 2009 at 7:01 pm
Justamente hoy hice un post un poco cercano al final de este artículo. Faltó el ‘que se vayan todos’…
La simpleza me parece que ya no es rasgo característico del clasemedio, sino de todos los argentinos en general. Por eso, desde los gerentes de grandes empresas a los villeros con la antenita de DirecTV en el rancho van por los atajos. Tal vez por eso no haya brújula a seguir con respeto. Es como el capítulo de los Simpsons en donde todos hacían lo que se les ocurriese… y ahí fueron donde empezaron los desmanes…
Saludos
PLPLE
July 11th, 2010 at 11:02 pm
La antipolítica es un sentimiento en reacción por la separación que existe de la sociedad y la clase política. Que el funcionario sea como un extraterrestre se debe que éste se porta como agente ajeno a la sociedad. Alguien que recurra a la antipolítico con fines políticos, es uno más que usa argumentos entusiastas para despertar esperanza en esa sociedad desasistida por el grupo de políticos en el poder, por eso ocurre el inmediato rechazo cuando no cubren sus expectativas. un atipolítico por ejemplo no vota, no escucha discurso sabe que es mentira