Archivo de June, 2009

2 – Los Títulos Universitarios

Wednesday, June 17th, 2009
Ingeniero

Ingeniero

- No permito que se mofe del doctor.

-No me mofo – contestó brevemente Taboada – pero quisiera preguntarle algo, si no lo toma a mal: ¿doctor en qué?

Adolfo Bioy Casares, El sueño de los Héroes

La clase media es la única atravesada por una permanente crisis existencial. Un obrero no tiene ese problema: el imperativo de los sectores populares es la supervivencia. Para un oligarca o gran burgués (un clasemedio actual lo llamaría “empresario exitoso”) la vida también es bastante sencilla, pudiendo alternar actividades como explotar a los trabajadores, juntarla con pala, gastarla de a carradas, buscar cargos políticos (hoy se estila trabajar así, sin intermediarios) y realizar actividades filantrópicas de vez en cuando.

Ensadwichada entre esas dos realidades dicotómicas la clase media pugna por encontrar sentido a su propia existencia. Lo más parecido que encontró por el momento es la obtención de títulos universitarios.

Para un clasemedio urbano típico, el título universitario es casi como un pequeño título de nobleza. El prestigio que en Europa correspondería a, digamos, un vizconde, un baronete o un hidalgo (pero no un hidalgo solariego, tampoco la pavada) en nuestro país es para los doctores, licenciados e ingenieros.

Doctora

Doctora

Uno de los elementos fundantes del amor de la clase media por los títulos universitarios es la idea de que la educación sólo es fruto del esfuerzo personal, con lo que el tener un título demuestra la valía de una persona basada en el trabajo. Difícilmente un clasemedio entienda que para acceder a la educación universitaria, aún a la pública y gratuita, es necesaria una educación secundaria completa y copiosas cantidades de tiempo libre a los veintitantos años, lo que desgraciadamente no siempre está al alcance de la clase trabajadora.

De la misma manera que el Ancien Régime europeo reservó privilegios para la nobleza (grande y pequeña, con y sin tierras), los profesionales argentinos no cesan de reservarse áreas de acción económica a través de sus consejos profesionales, algunos con más éxito que otros (por más original que pudiera ser la idea de exigir firma habilitante de un Licenciado en Letras para publicar un libro, no parece que vaya a prosperar en el futuro cercano).

Licenciado

Licenciado

En los últimos años también se observa una tendencia de la clase media a buscar el monopolio de la representación pública, sea propioniendo la aplicación del voto calificado o la más morigerada idea de limitar el acceso a cargos electivos a personas con títulos de grado. Poco parece importarles a los clasemedios que las mayores iniquidades de distintos gobiernos hayan sido perpetradas en su mayoría por abogados de universidades nacionales y economistas doctorados en Chicago.

Finalmente, hay que recordar que el anhelo del clasemedio no es la educación universitaria, sino simplemente el título. Eso lleva a dos fenómenos: la proliferación de universidades privadas ofreciendo carreras cortas y la creciente práctica de la usurpación de títulos (aunque como demuestra la cita de Bioy Casares, la práctica tiene orígenes ancestrales). A propósito de esta última práctica existe un pacto de silencio tácito entre la clase media argentina: nunca se le preguntará a un par sobre un título de dudosa procedencia. Ahora bien, en caso de ser descubierto por un tercero (algo cada vez más frecuente para los clasemedios en la esfera pública), el usurpador será sometido a un escarnio mayor que el que le depararía al peor de los criminales: el farsante es un traidor a la clase media, y será considerado un paria de por vida.

Para quienes no quieran exponerse a tamaño castigo, existe una manera mucho más segura de ser tratado como un profesional sin serlo. Basta con vestirse de traje un día de lluvia y merodear la zona de Tribunales. No pasarán cinco minutos antes de que un vendedor ambulante lo llame Doctor, así tan solo sea para ofrecerle al clasemedio un paraguas chino de mala calidad.

1 – Las cosas simples

Tuesday, June 16th, 2009
Un hombre simple

Un hombre simple

La gente de clase media no está ocupada – ES ocupada. El mundo que habitan sus miembros es una gran vorágine. Por eso no pueden complicarse la vida entendiendo cosas complejas: para el clasemedio no hay mayor valor que la simplicidad. Esto lo entienden los escritores, los cineastas, los políticos, y los especialistas en marketing. Es Simple, es Claro.

El primer punto en que esto es visible es en los consumos culturales: para el clasemedio mejor que leer a algún escritor argentino ignoto es leer a García Márquez, mejor que García Márquez es Paulo Coelho, mejor que Coelho es Dan Brown, y mejor que leer a Dan Brown es ver una película basada en una novela de Dan Brown, preferentemente doblada al español. Así se soluciona en un par de horas el problema de no entender de qué tratan las charlas literarias de sus amigos.

Políticamente la preferencia por la simplicidad es clara. Para conseguir el voto de una persona de clase media, la mejor apuesta es usar alguna frase del estilo “Menos discusión y más gestión”, o “Cambiar todo lo que nos hace mal por todo lo que nos hace bien”. Estas, sobre todo la segunda, son frases estimulantes, positivas y más sencillas que las reglas del Ta-Te-Ti. ¿Quién podría estar en contra de “todo lo que nos hace bien”? Otra opción para atraer votos clasemedios es mencionar áreas de gobierno sin decir qué hacer con ellas. “Salud”, “Educación”, y sobre todo “Seguridad” son perfectos eslóganes de campaña. Tal vez lo ideal para muchos sería explicar QUÉ hacer respecto de esos temas, pero al clasemedio común no le interesa. Al fin y al cabo, el afiche es chico y el clasemedio está apurado yendo a hacer algo importante. Como llegar a casa para ver una película basada en una novela de Dan Brown, doblada al español de ser posible.

Otro Hombre Simple

Otro hombre simple

Al elegir un juguete tecnológico, el clasemedio buscará aquellas funciones que le simplifiquen la vida. Al comprar una laptop, por ejemplo, lo importante será que ésta tenga una cámara web incorporada, no un procesador potente o mucha memoria RAM, pese a que agregar una cámara externa es sumamente barato y sencillo (y más fácil de reemplazar cuando la cámara inexorablemente cese de funcionar días después del vencimiento de la garantía). El clasemedio intuye que una cámara externa es buscarse un problema, por lo que la evita.

Otra inclinación frecuente a la hora de comprar tecnología es buscar “números patrón”: todo dispositivo electrónico DEBE tener algún número que le sirva al clasemedio para determinar instantáneamente qué es lo que debe comprar. Los megapíxeles de las cámaras digitales son un buen ejemplo. Más siempre es mejor, aún cuando el clasemedio jamás piense ampliar sus fotos a tamaños superiores a 10 x 15 cm (para lo que le sobrarían 3 MP). En la medida de lo posible cada categoría de juguetes deberá tener un sólo número patrón: capacidad para reproductores de audio digital y pen drives, megapixels para cámaras, puntos-por-pulgada para impresoras. Los dispositivos complejos son problemáticos para el clasemedio, qué a menudo no entiende si le conviene tener más gigahertz en el procesador, gigabytes de RAM o gigabytes de disco rígido (y, en consecuencia, termina comprando la computadora que viene con cámara web).

Al clasemedio no lo compliques, que ya tiene bastantes problemas propios.